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Crónicas de una chica enferma

Crónicas de una chica enferma

 

Pues bien, en esta ocasión les comparto otro debraye por el que todos hemos pasado: tener gripa.
Típico que te da gripa en los momentos más inoportunos cuando tienes un gran fin de semana planeado, con miles de eventos a lo que quieres asistir; algunos eventos programados con un mes de anticipación. Todo está bien ese día, pero en el transcurso de la tarde empiezas a sentir una molestia en la garganta; en la noche ves a un amigo, así que ya te dio el sereno. Llegas a tu casa y haces unas gárgaras de yodo bucofaríngeo, esperando que con eso se resuelva la molestia. Para el día siguiente ya te jodiste, has caído en cama. Le hablas a una amiga para cancelar el concierto de clavecín al que te invitaron y te geteas todo el día, buscas comida en la alacena y te acuerdas de que no has hecho la despensa en 2 semanas, encuentras frutos secos y un poco de leche.
A los dos días de iniciado el cuadro, decides ir a consulta porque te esperan más eventos para el fin de semana largo (ya que hubo paro laboral).Así que ahí vas, primero al médico (de los de 30 pesos porque eres una estudiante con ingresos limitados) y porque tu hipocondría no te permite estar tranquila sin asegurarte de que lo que tienes “se quita solo”. Te aseguran que tu laringe está limpia, que es parte de tu rinitis alérgica, y que tomes loratadina para que no te escurra la nariz y paracetamol para el cuerpo cortado. Cruzas a la farmacia que vende medicina de patente porque tampoco te vas a comprar medicinas similares pero sí genéricas, y decides que una simple gripa no te va a detener. Te compras las medicinas que te recetaron y regresas también por una caja grande de pañuelos desechables para el camino.
Trazas la mejor ruta para llegar al evento de ese día, que es como a dos horas de tu casa en transporte público, y das gracias al Creador porque encontraste un asiento para no irte parada los 45 minutos que dura la ruta (la primera), luego esperas media hora a un amigo y apenas escuchas y pones atención a lo que te dicen, das mal las indicaciones y esperas con tu amigo en una base de camiones que no era. Llegas a casa del amigo después de otra media otra de camino y después de caminar como 15 minutos en terracería, porque su casa está un poquito lejos. Ya en la casa, te esperas sentada a que todos arreglen las cosas para la carne asada porque no puedes acercarte al fuego. Tus amigos te dicen que no hay problema, que te sientes, y ellos, como hombres que son, se encargan de todos los preparativos de la carne asada.
La carne sabe bien, pero no estás segura porque obvio tienes gripa y ya no sientes los sabores. Comes a gusto lo que puedes porque tienes gripa y la verdad no te da mucha hambre, y en eso ves tu reloj y ¡chingue, ya son las 6! Y tienes otro evento, un cumpleaños en un restaurante en un centro comercial. Preguntas cómo regresar a la ciudad, porque resulta que la caseta a Cuernavaca está a 10 minutos. Te dan indicaciones cómo pueden, y haces como que entiendes. Te das cuenta que no hay ni rutas ni sitios de taxi y en ese momento te vuelves creyente y le rezas a la virgen porque llegues con bien a tu destino. Pasa un taxi clandestino y le regateas el pasaje, resulta que estás pasando por el “viejo camino a Santiago”, y sí que es viejo. Llegas a la caseta a Cuernavaca (literalmente) y ahí pasa un camión que te deja en el metro.
Parece que llegas a tiempo, pero resulta que la cita no es en esa plaza, es en la otra. Ya no puedes tomar el metro porque sientes que se te va el alma, así que paras un taxi. Llegas a la otra plaza y le hablas a la del cumpleaños y te dice que no encuentran el restaurante, pero que algunos amigos tuyos ya andan por ahí y que les hables para ver dónde están. Les hablas y llegas al área de comida, hablan a gusto un rato, y te das cuenta de que el “restaurante” en realidad es un local que acaban de abrir. Llega la del cumpleaños y van a pedir comida; tú te quedas porque la verdad ya no das una y pues ni tienes hambre porque comiste carne asada, así que encargas un té al tiempo.
Poco a poco llegan más invitados y la fila para ordenar es enorme y está llena de japoneses. Cuando les dan el pedido a tus amigos ya es tarde, casi las 9, y empiezan a comer. Llega otra invitada y decide si come o no porque la última vez que la del cumpleaños le recomendó comida, su organismo no cooperó. Decide que sí pero para esa hora ya no hay más pedidos y te empiezan a apagar “sutilmente” las luces del establecimiento.
Tu amiga te ve mal y te ofrece un jugo multivitamínico en su casa, que está como a hora y media de la tuya. Piensas en aceptarle la oferta del jugo pero luego te acuerdas que ella tiene clase los sábados en la mañana (a las 8) y no hay forma de que te levantes a esa hora. Tomas un taxi de sitio, llegas a tu casa, te cambias, te tomas las medicinas y te geteas.
Te levantas al día siguiente, casi a medio día porque el vecino considerado está taladrando las paredes, y ves que el sol por fin salió. No tienes ganas de hacer nada, pero te acuerdas que ya no tienes calzones porque había estado lloviendo y no habías lavado, así que te dispones a lavar. El problema es que te acabas de bañar (por aquello de que no sabes si hueles bien o mal), y ya no puedes subir a la jaula, así que hacer el tendedero en la sala. Ves el reloj y recuerdas que hay “tarde de juegos” en casa de un amigo pero te sientes mal, así que no vas.
El domingo te chutas la trilogía de The Matrix porque no te puedes mover y mandas a tu roomie por la despensa. Empiezas poco a poco a sentirte mejor y el lunes en la tarde vas a tu terapia. Te suenas la nariz y a tu terapeuta le da asco y ofrece amablemente a que salgas “si gustas” a sonarte afuera para mayor comodidad.
El martes todo empieza a mejorar, pero no oyes. Vas al doctor (de nuevo) y resulta que siempre sí es infeccioso y te pregunta si quieres que te mande inyecciones o pastillas, pides las pastillas, no por cobarde sino porque no hay quien te inyecte. Pagas 600 pesos en medicina y todo empieza a mejorar, o sea que sí era infección ¬¬.
Y pues hasta ahí las crónicas de una gripa. Todos pasamos por esto ¿o no?, ¿o no? Díganme que no soy la única a la que le pasan estas cosas. Nos vemos 😉

Written by Clarissa

Originaria de Chiapas, estudiante de la licenciatura en Letras Inglesas. Zurda y orgullosa de serlo. Debido a las distintas series, películas y libros vistos y leídos, esperaba tener poderes mágicos o supernaturales en algún punto de su vida, cosa que sigue esperando. Amante de la comida japonesa, las novelas románticas (consideradas, por ella misma, como de ciencia ficción) y los ensayos de William Hazlitt.

1 Comment

  1. Little Addie · September 25, 2013

    “Te vuelves creyente” y, “Puedes salir, si gustas”, fueron mis frases favoritas, jajaja. Ojalá estés mejor.

    Y si no le pasa a todos, al menos a mí también. u.u

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