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Irena Sendler

Irena Sendler

– Rosana Díaz

 

Hace poco mi papá  me mandó una presentación por Internet con un título X, que me hizo pensar que se trataba de otra de esas cadenas por correo con reflexiones cursis y superficiales referentes a la vida diaria, y sólo abrí aquel e-mail por la insistencia (mayor que otras veces) de mi papá a que lo checara. Pues, efectivamente, aquella presentación era cursi, estaba hecha para despertar la emotividad de quien la viera, y conmigo lo logró sin más (¡y que se me sale lo “chipi, chipi”!). Pero no es lo “cursi” de la redacción lo que me llegó  tanto, sino enterarme de la vida de una persona tan valiente y que (¡oh, sorpresa!) es prácticamente una desconocida. Así que decidí  tomar fragmentos de la presentación que me mandaron (omitiendo los sentimentalismos innecesarios) para construir la MiniBio de Irena Sendler. Tal vez encuentren su vida inspiradora…

 

En 1999, gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas, su historia comenzó  a conocerse fuera de su natal país, Polonia. En su investigación, los estudiantes consiguieron muy pocas referencias sobre Irena. Sólo había un dato sorprendente: había salvado la vida de 2,500 niños. Hoy es una anciana de 97 años que reside en un asilo del centro de Varsovia, en una habitación donde nunca faltan ramos de flores y tarjetas de agradecimiento procedentes del mundo entero.

Cuando Alemania invadió  Polonia en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, el cual  manejaba los comedores comunitarios de la ciudad. En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia e Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda a los Judíos. Entonces consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas y, como los alemanes invasores tenían miedo de una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran la sanidad del recinto. Pronto, Irena se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del ghetto… Pero no les podía dar garantías de éxito; lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él.

Las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos, e Irena las entendía perfectamente, pues ella misma era madre, y sabía que, de todo el proceso que ella llevaba a cabo con los niños, el momento más duro era el de la separación. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte. Cada vez que le ocurría algo así, luchaba con más fuerza por salvar a más niños.

 

Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes… En sus manos, cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.
Logró reclutar, al menos, una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social. Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dándole identidades temporales a los niños judíos. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí aguardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2,500 niños… hasta que los nazis se marcharon. Sin embargo, antes de que ello ocurriera, los nazis supieron de sus actividades.

El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Le rompieron los pies y las piernas, no obstante, nadie pudo romper su voluntad. Así  que fue sentenciada a muerte. Una sentencia que nunca se cumplió, porque, camino al lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó  escapar. Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así  que, a partir de entonces, Irena continuó trabajando con una identidad falsa.

Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2,500 niños que había colocado con familias adoptivas, y los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, aunque la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.

Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirle: “Recuerdo tu cara …soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…”. Irena tiene en su habitación cientos de fotos con algunos de aquellos niños sobrevivientes o con hijos de ellos.

Su padre, un médico que falleció de tifus cuando ella era todavía pequeña, le inculcó  lo siguiente: “Ayuda siempre al que se está ahogando, sin tomar en cuenta su religión, raza o nacionalidad. Ayudar cada día a alguien tiene que ser una necesidad que salga del corazón”.

Para terminar, les dejo aquí el enlace para aquellos interesados en saber más sobre esta admirable mujer y que además estén dispuestos a disfrutar de una buena película:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=_Rxq8hXxVYo]

 

 

“No se plantan semillas de comida.

Se plantan semillas de bondades.”

– Irena Sendler

Written by paaxsound

1 Comment

  1. Alejandro D Landero · September 21, 2013

    Platicar y compartir acerca de vidas ejemplares es una forma de apoyar a la sociedad en lo general, mediante la alerta a la conciencia, y en a cada lector en lo particular.

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