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La Importancia de la Literatura

La Importancia de la Literatura

 

La literatura nos ha acompañado a lo largo del tiempo. Al principio se introdujo en nuestras vidas por medio de cantos, leyendas y oraciones, y se pasaba de generación en generación a través del habla. Luego se inventó la escritura y los antiguos seres humanos no tardaron en darse cuenta de su potencial expresivo. Al escribir uno podía darle forma a sus pensamientos. Escribir fomentaba la reflexión y la afinaba. Además las cosas no se tenían que decir de una única manera espontánea, como al hablar, sino que se podía jugar más con las palabras, hasta inventarlas cuando éstas no fueran suficientes. Descubrieron, también, la propiedad inmutable de un texto y su capacidad de permanencia, dos cualidades que lo diferenciaban de los relatos orales, constantemente cambiantes y fácilmente olvidables.

Desde entonces la literatura se dividió en tres géneros principales: la lírica o poesía, la épica o narrativa, y la dramática o teatro. La lírica está hecha para recitarse y por ello los antiguos griegos la igualaron con la música; la dramática encuentra su plenitud al representarse ante un público; pero la épica está hecha esencialmente para leerse. ¿Pero qué significa leer? Bien dice Umberto Eco que no basta con saber descifrar signos lingüísticos para comprender un texto. Ma-me-mi-mo-mu no dicen nada por sí solos. La verdadera comprensión de un texto involucra entender las relaciones entre estos signos, visualizar dichas relaciones y sentirse parte de ellas o, más bien, hacerlas parte de uno. Como dice Pedro César Cedillo en su libro “Lectura, Literatura y Educación”, que estaremos citando a lo largo de este ensayo, la competencia literaria implica una autonomía y una diversidad lectoras, gozar y valorar los libros, interpretarlos y enjuiciarlos, y, finalmente, hacer de la lectura una experiencia personal.

Actualmente se imprimen más libros que en cualquier otra época. El índice de alfabetización es también el más alto que ha alcanzado la humanidad hasta ahora. Sin embargo, en países como México, en promedio, por persona, se lee medio libro al año. Incluso en áreas urbana el nivel de lectura es muy bajo. ¿Pero a qué se debe esto? Se trata de un problema multifactorial: la gente vive muy ocupada y acelerada; los libros no son baratos; en las escuelas primarias y secundarias no hay un buen método de enseñanza de la lectura; y existe un prejuicio general de que los libros sólo son para ñoños, intelectuales, políticos o artistas, y no para el público general. Sin embargo, muchos estudios han demostrado la injerencia de la lectura en el desarrollo de una persona o de una sociedad. Varios académicos, artistas, científicos, empresarios y políticos han resaltado la importancia de que los pueblos sean pueblos lectores. A su vez, a lo largo de la historia también ha habido líderes que han llamado a la quema de libros y han prohibido ciertos textos. ¿Y por qué la gente que está en las cúpulas de poder le ha prestado tanta atención a las lecturas a las que puedan tener acceso los demás? Pues porque en los libros, en cuyas páginas se funde el doble arte de escibir y leer, son instrumentos de liberación, una liberación profunda y que abarca todos los aspectos del ser.

La primera razón para pensar que los libros, en especial los literarios, liberan, se halla en que se tratan de verdaderos puentes de comunicación. No sólo de autor a lector, sino de época a época, de lugar a lugar, de cultura a cultura. Pedro Cerrillo dice:

“La literatura es como un depósito universal que alberga la memoria colectiva, ésa en la que se juntan historias y emociones, sentimientos y viajes, llantos y pasiones, luces y sombras, sueños e historias, de escritores de todas las culturas y tiempos (…) la literatura como depósito de vida y como memoria de las palabras.” P.64

Esta comunicación, que apela al intelecto y a la emoción, permite identificarnos con la realidad que retrata, lo que lleva al entendimiento del otro y de nosotros mismos en relación con el otro. Conocer cómo pensaba o se sentía un grupo de personas en un determinado lugar también nos sensibiliza a otro tipo de problemáticas, que, aunque aparentemente lejanas en tiempo y espacio, siguen siendo intrínsecamente humanas. Una persona que recientemente decidió usar esta cualidad de la literatura es la socióloga iraní Parinoush Saniee. Luego de años de trabajar en pro de los derechos humanos en su país, decidió escribir una novela que reflejara las estadísticas que había recavado en sus investigaciones.

Durante muchos años redacté papeles, estudios, libros que se imprimían pero que no se vendían. Eran investigaciones para el Gobierno y ya sabías que, si las conclusiones eran positivas, se apoyaban. Si eran negativas, se ignoraban. Y estaba harta de escribir sobre estadísticas. Así que lo hice por mí: tenía los datos, se trataba de escribir sobre el desarrollo emocional de todo eso que había estudiado, se trataba de saber qué pasó con las mujeres y se trataba de llegar a la gran audiencia: por eso elegí una novela.” [1]

De aquí podemos concluir que la literatura libera la comunicación y libera la capacidad empática, pero ahí no termina el proceso.

La literatura también educa. Educa en valores, en conocimientos concretos y en formas de vida. Bien decía un arzobispo inglés del s.XVI:

Los libros son los maestros que nos instruyen sin vara ni palmeta, sin gritos ni cólera. Si te acercas a ellos, nunca duermen; si les preguntas, no se esconden; tampoco murmuran reproches cuando te equivocas.” P.64

La Ciudad y los Perros, maravillosa novela del peruano Mario Vargas Llosa, ilustra perfectamente esto. La mayor parte de la acción transcurre dentro de un colegio militar y sus personajes son, casi todos, muchachos que estudian ahí. Conforme avanza la acción, uno va aprendiendo acerca de la pequeña sociedad que se forma en esos lugares, sus durísimas reglas y sus injusticias. Con “El Jaguar”, el muchacho más bronco, uno aprende técnicas de pelea callejera; con “El Poeta”, uno aprende cómo se puede sobrevivir en un ambiente hostil, sin causar conflicto; con “El Esclavo”, uno aprende sobre la lealtad y el temple.

Sin embargo, la literatura también puede usarse con fines opresores. Esto ocurre cuando se vuelve moralizante y su palabra se convierte en dogma, y en lugar de que sea interpretada y criticada, se acepta como verdad absoluta. De esto ha habido muchos ejemplos en la historia. Tenemos el caso del Corán y cómo es usado por grupos islamistas para, justificándose en la sharia, coartar las libertades de su población y mantener un dominio absoluto, así como para instar a jóvenes a enlistarse en el ejército. Otro caso ocurrió cuando los ingleses convirtieron a la India en una de sus colonias. No hace mucho, la investigadora Teraswini Niranjani denunció que, cuando los ingleses tradujeron los textos segrados hindúes al inglés para enseñarlos en las ecuelas de educación básica, en lugar de respetar los nombres de los diferentes dioses, a todos los tradujeron con la palabra God (dios), de manera que los niños se fueran familiarizando con el concepto de un solo dios.

De aquí concluimos que los libros educan, pero también pueden adoctrinar y manipular. Por ello es tan importante no quedarse con lo que dice un libro, sino siempre tratar de expandir nuestro horizonte, analizar, ser críticos, y comparar con otros libros, con el contexto y con nuestra experiencia. De esa manera, la literatura liberará el criterio y también nos liberará de muchos prejuicios, productos de la ignorancia.

Como tercer argumento, se encuentra el poder que tiene la literatura para dar cohesión social. Tal como las gastronomía y la música, la literatura también es un elemento cultural que, al ser el cuenco donde se guardan el pensamiento, la historia y las emociones de un pueblo, sirve para que, quienes lo componen, se vean reflejados en sus aguas.

La literatura como conjunto de historias, poemas, tradiciones, dramas, reflexiones, tragedias, pensamientos, relatos o comedias, hace posible la representación de nuestra identidad cultural a través del tiempo, permitiéndonos escuchar las voces del pasado y conocer los progresos, las contradicciones, las percepciones, los sentimientos, las emociones o los gustos de la sociedad y de los hombres de diferentes épocas.” P.115

Esta identificación nos hace ver lo que tenemos en común con nuestro vecino, pues ya sabemos que, por más diferentes que sean nuestras circunstancias actuales, compartimos un pasado, un presente y un futuro, ya que ambos formamos parte de la misma comunidad. Tal vez el libro que más identifiquen los mexicanos con la cultura mexicana sea el de Pedro Páramo de Juan Rulfo o Los de Abajo de Mariano Azuela o Arráncame la Vida de Ángeles Mastretta, los tres ya iconos, además de la literatura, del cine.

A lo mejor usted, lector, se pregunta, pero entonces, cuál es la importancia de la cohesión social. Más allá de adornar el nombre de una patria, los elementos culturales, que permiten la identificación de una gran catidad de gente con ellos, facilitan que las personas trabajen en conjunto para lograr objetivos que beneficien a todos. Es decir, la cohesión social significa trabajo en equipo y solidaridad. Justo para evitar eso es que las dictaduras sudamericanas prohibieron, entre otros libros, el de Las Venas Abiertas de América Latina del periodista Eduardo Galeano, un ensayo que relata, de manera poética, la historia de abusos a esta región.

Por otro lado, poetas irlandeses como Padraic Colum, George William Russel y W.B. Yeats, ya hace más de un siglo, tomaron la iniciativa de usar el arte literario para promover la cohesión social en su natal Irlanda, desde entonces dividida en norte y sur, unionistas y separatistas. Así, decidieron colocar a la mitología precristiana, la celta, como tema principal en su poesía, a modo de construir un sentimiento nacional irlandés que fuera más fuerte que las diferencias políticas. Su inciciativa, aunque no logró para por completo las luchas de poder, sí dio una plataforma sólida para la paz y la unión.

De aquí tenemos que, a través de la identificación, la cohesión social libera la solidaridad y la acción. Se trata de una acción solidaria, que beneficia a la sociedad en su conjunto.

Por último, vale mencionar que la literatura libera la imaginación y también el pensamiento. Cedillo explica el por qué de la primera en el siguiente párrafo:

“La lectura literaria posibilita la construcción de un mundo imaginario propio, dando respuesta así a la necesidad de imaginar de las personas, una necesidad básica en todas las edades del hombre. Además, la lectura literaria ayuda a captar ideas o sentimientos, a desarrollar la imaginación, a simular situaciones o estados de ánimo, a experimentar sensaciones o a viajar figuradamente a otros mundos”. P. 118

La imaginación es la materia prima de todo proceso creador. Una persona que imagina es una persona que tiene la plataforma para comenzar proyectos y, con ellos, transformar su realidad. Pero la imaginación sola no puede llevar a la acción. Ésta necesita tener un orden, necesita ser reflexionada, y el primer paso para la comprensión del propio pensamiento se da con la palabra.

“Se habla como se piensa, de algún modo. Quien no practica regularmente la lectura literaria tiene un vocabulario reducido y limitado que empobrece su expresión, por lo que su pensamiento (que difícilmente actúa con criterio propio) también está limitado.” P. 129

Una persona que acostumbra leer, es una persona que seguro se entiende mejor a sí misma, así como puede apreciar más matices del mundo que lo rodea, pues cuenta con más herramientas expresivas.

En conclusión, no importa la edad o la circunstancia, en la medida de lo posible, la gente debe buscar acercarse a la literatura y formentarla en las nuevas generaciones. La liberación del individuo marca la liberación de su sociedad y, con ello, el desarrollo y ejercicio de la democracia.

 

 

Fuente de las Citas

CERRILLO, Pedro C. (2010), Sobre Lectura, Literatura y Educación, Ciudad de México, Porrúa.

 

 

[1] http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/29/babelia/1406640227_448053.html

Written by Ros Daz

Nacida hace 23 años en el Distrito Federal en el seno de una familia de economistas enamorados de las matemáticas, Marx y los libros, pero con nula sensibilidad artística. Por generación espontánea manifiesta una inclinación a expresar el mundo de lo imaginario a través de las Bellas Artes: la danza, la pintura, la arquitectura, la literatura y la música.

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